BRUJAS PARTERAS Y ENFERMERAS PDF

Monthly Review, Oct. Las mujeres han sido siempre curanderas. Ellas provocaron abortos, fueron enfermeras y sirvieron de consuelo. Fueron comadronas, viajaron de casa en casa y de villa en villa. Por siglos las mujeres fueron doctores sin grado, aisladas de libros y lecturas, aprendiendo de cada una y pasando experiencia de vecina a vecina y de madre a hija. La medicina es parte de nuestra herencia como mujeres, nuestra historia.

Author:Samutilar Gardami
Country:Fiji
Language:English (Spanish)
Genre:Sex
Published (Last):17 July 2014
Pages:385
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ISBN:988-7-66554-863-7
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Ellas fueron las primeras mdicas y anatomistas de la historia occidental. Saban procurar abortos y actuaban como enfermeras y consejeras. Las mujeres fueron las primeras farmaclogas con sus cultivos de hierbas medicinales, los secretos de cuyo uso se transmitan de unas a otras. Y fueron tambin parteras que iban de casa en casa y de pueblo en pueblo. Durante siglos las mujeres fueron mdicas sin titulo; excluidas de los libros y la ciencia oficial, aprendan unas de otras y se transmitan sus experiencias entre vecinas o de madre a hija.

La medicina forma parte de nuestra herencia de mujeres, pertenece a nuestra historia, es nuestro legado ancestral. Sin embargo, en la actualidad la atencin en salud se halla exclusivamente en manos de profesionales masculinos.

Ya no ejercemos autnomamente ni se nos conoce por nuestro nombre y se nos valora por nuestro trabajo. La mayora somos ahora un simple peonaje que desarrolla trabajos annimos y marginales: oficinistas, dietistas, auxiliares tcnicas, sirvientas.

Cuando se nos permite participar en el trabajo medico, solo podemos intervenir en calidad de enfermera. Y las enfermeras o parteras profesionales, cualquiera que sea nuestra calificacin, siempre realizamos un trabajo subordinado con respecto al de los mdicos. Nuestra subordinacin se ve reforzada por la ignorancia, una ignorancia que nos viene impuesta. Las enfermeras y parteras aprenden a no hacer preguntas, a no discutir nunca una orden.

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que estas connotaciones son en gran parte ideolgicas y que ambos conceptos de hecho son equivalentes en su etimologa. As, cuando en el texto se dice que los mdicos son solo un grupo concreto de sanadores, podra decirse con la misma propiedad que son un grupo de curanderos, connotaciones negativas incluidas.

Se recuerde que la fecha original de esta publicacin era del ao , es decir, aunque ya son mdicos femeninos todava ellas existen dentro del SISTEMA masculino.

Las trabajadoras de la sanidad se ven apartadas, alienadas, de la base cientfica de su trabajo. Dicen que nuestra subordinacin esta determinada biolgicamente, que las mujeres estamos mejor dotadas por naturaleza para ser enfermeras o parteras que para mdicos.

A veces incluso nosotras mismas intentamos buscar consuelo en la teora de que la anatoma nos haba derrotado ya antes de que lo hicieran los hombres, que estamos tan condicionadas por los ciclos menstruales y la funcin reproductora que nunca hemos actuado como sujetos libres y creadores fuera de las paredes de nuestros hogares. Y adems debemos enfrentarnos con otro mito alimentado por la historia convencional de la medicina, a saber, la nocin de que los profesionales masculinos se impusieron gracias a su superioridad tcnica.

Pero la historia desmiente estas teoras. En tiempos pasados las mujeres fueron sanadoras autnomas y sus cuidados fueron muchas veces la nica atencin mdica al alcance de los pobres y de las propias mujeres.

A travs de nuestros estudios hemos constatado adems que, en los periodos examinados, fueron ms bien los profesionales varones quienes se aferraban a doctrinas no contrastadas con la prctica y a mtodos rituales, mientras que las sanadoras representaban una visin y una practica mucho ms humanas y empricas.

Es una situacin que exige una explicacin. Cmo hemos podido caer en la presente subordinacin, perdiendo nuestra anterior preponderancia? Al contrario, es la expresin de una toma de poder activa por parte de los profesionales varones. Y los hombres no triunfaron gracias a la ciencia: las batallas decisivas se libraron mucho antes de desarrollarse la moderna tecnologa cientfica. En esa lucha se diriman cosas muy importantes.

Concretamente, el monopolio poltico y econmico de la medicina, esto es, el control de su organizacin institucional, de la teora y la prctica, de los beneficios y el prestigio que su ejercicio reporta.

La represin de las sanadoras bajo el avance de la medicina institucional fue una lucha poltica; y lo fue en primer lugar porque forma parte de la historia mas amplia de la lucha entre los sexos. En efecto, la posicin social de las sanadoras ha sufrido los mismos altibajos que la posicin social de las mujeres. Las sanadoras fueron atacadas por su condicin de mujeres y ellas se defendieron luchando en nombre de la solidaridad con todas las mujeres.

En segundo lugar, la lucha tambin fue poltica por el hecho de formar parte de la lucha de clases. Las sanadoras eran las mdicas del pueblo, su ciencia formaba parte de la subcultura popular. La prctica mdica de estas mujeres ha continuado prosperando hasta nuestros das en el seno de los movimientos de rebelin de las clases ms pobres enfrentadas con la autoridad institucional. Los profesionales varones, en cambio, siempre han estado al servicio de la clase dominante, tanto en el aspecto medico como poltico.

Han contado con el apoyo de las universidades, las fundaciones filantrpicas y las leyes. Su victoria no es tanto producto de sus esfuerzos, sino sobre todo el resultado de la intervencin directa de la clase dominante a la que servan.

Este breve escrito representa solo un primer paso en la vasta investigacin que deberemos realiza si queremos recuperar nuestra historia de sanadoras y trabajadoras sanitarias.

El relato es fragmentario y se ha recopilado a partir de fuentes generalmente poco precisas y detalladas y muchas veces cargadas de prejuicios. Hemos restringido nuestro estudio al mbito de la historia de Occidente, puesto que las instituciones con que actualmente nos enfrentamos son producto de la civilizacin occidental.

Todava no estamos en condiciones de poder presentar una historia cronolgicamente completa. A falta de ello, hemos optado por centrar nuestra atencin en dos importantes etapas diferenciadas del proceso de toma del poder medico por parte de los hombres: la persecucin de las brujas en la Europa medieval y el nacimiento de la profesin medica masculina en los Estados Unidos en el siglo diez y nueve.

Conocer nuestra historia es una manera de retomar la lucha de nuevo. La mayor parte de esas mujeres condenadas como brujas eran simplemente sanadoras no profesionales al servicio de la poblacin campesina y su represin marca una de las primeras etapas en la lucha de los hombres para eliminar a las mujeres de la prctica de la medicina.

La eliminacin de las brujas como curanderas tuvo como contrapartida la creacin de una nueva profesin medica masculina, bajo la proteccin y patrocinio de las clases dominantes. La caza de brujas tuvo consecuencias duraderas. En efecto, desde entonces un aspecto del ser mujer ha sido siempre asociado a la brujera y las mujeres que han continuado actuando como sanadoras han seguido rodeadas de un halo de supersticin y temor.

Esa destructiva y temprana exclusin de las mujeres del ejercicio autnomo de la sanacin fue un precedente violento y una advertencia para el futuro, que llegara a convertirse en un tema de nuestra historia. La presente lucha del movimiento feminista en el terreno de la salud de hoy tiene sus races en los aquelarres medievales y los responsables del despiadado exterminio de las brujas son los antecesores de nuestros actuales adversarios. Adopto diversas formas segn el momento y lugar, pero sin perder en ningn momento su caracterstica esencial de campana de terror desencadenada por la clase dominante y dirigida contra la poblacin campesina de sexo femenino.

En efecto, las brujas representaban una amenaza poltica, religiosa y sexual para la Iglesia, tanto catlica como protestante, y tambin para el Estado. Las dimensiones de este sangriento fenmeno histrico son impresionantes. Entre finales del signo XV y principios del XVI se registraron muchos millares de ejecuciones en su mayora condenas a ser quemadas vivas en la hoguera en Alemania, Italia, Espaa y otros pases.

En la region de Wertzberg, brujas murieron en la hoguera en un solo ao y otras 1. En Toulouse llegaron a ejecutarse personas en un solo da. En , de toda la poblacin femenina de dos aldeas del obispado de Traer solo se salvo una mujer en cada una de ellas.

Numerosos autores cifran en varios millones el numero total de victimas. El mero alcance de la caza de brujas ya sugiere que nos hallamos ante un fenmeno social profundamente arraigado y que trasciende los lmites de la historia de la medicina. Tanto geogrfica como cronolgicamente la persecucin Omitimos toda referencia a los procesos de brujera realizados en Nueva Inglaterra en el siglo XVII. Estos procesos tuvieron un alcance relativamente reducido, se sitan en un momento muy tardo de la historia de la caza de brujas y en un contexto social totalmente distinto del que exista en Europa en los inicios de la caza de brujas.

Indicios fragmentarios que el feminismo debera investigar sugieren que, en algunas regiones, la brujera fue la expresin de una rebelin campesina encabezada por las mujeres. No podemos detenernos aqu a investigar a fondo el contexto histrico en que se desarroll la caza de brujas. Sin embargo, es preciso superar algunos tpicos sobre la persecucin de las brujas, falsas concepciones que las despojan de toda su dignidad y que descargan toda la responsabilidad de lo ocurrido sobre las propias brujas y las masas campesinas a quienes estas servan.

Por desgracia, las brujas, mujeres pobres y analfabetas, no nos han dejado testimonios escritos de su propia historia y sta, como ocurre con el resto de la historia, nos ha llegado a travs de los relatos de la lite instruida, de modo que, actualmente solo conocemos a las brujas a travs de los ojos de sus perseguidores. Dos de las teoras ms conocidas sobre la caza de brujas son esencialmente interpretaciones mdicas que atribuyen esta locura histrica a una inexplicable explosin de histeria colectiva.

Una versin sostiene que los campesinos enloquecieron y presenta la caza de brujas como una epidemia de odio y pnico colectivos, materializada en imgenes de turbas de campesinos sedientos de sangre blandiendo antorchas encendidas. La otra interpretacin psiquiatrita, en cambio, afirma que las locas eran las brujas. Un acreditado historiador y psiquiatra, Gregory Zilboorg, escribe que: los millones de hechiceras, brujas, endemoniadas y posedas constituan una enorme masa de neurticas y psicticas graves durante muchos aos el mundo entero pareci haberse convertido en un verdadero manicomio Pero, de hecho, la caza de brujas no fue ni una orga de linchamientos ni un suicidio colectivo de mujeres histricas, sino que sigui procedimientos bien regulados y respaldados por la ley.

Fueron campaas organizadas, iniciadas, financiadas y ejecutadas por la Iglesia y el Estado. Durante tres siglos, todos los jueces, todos los inquisidores, tuvieron este sdico libro siempre al alcance de la mano. El encargado de poner en marcha un proceso de brujera era el vicario o el juez del distrito, quien deba hacer publica una proclama por la cual se: ordena, manda, requiere y advierte que en el plazo de doce dastodo aquel que este enterado, haya visto u odo decir que cualquier persona tiene reputacin de hereje o bruja o es particularmente sospechosa de causar dao a las personas, animales o frutos del campo, con perjuicio para el Estado, deber ponerlo en nuestro conocimiento.

Quienquiera que dejara de denunciar a una bruja se expona a la excomunin y a sufrir una larga lista de castigos corporales. Examinacin de una bruja, por T. Matteson, Si esta amenazadora proclama permita localizar al menos una bruja, su proceso poda ayudar luego a descubrir muchas ms. Kramer y Sprenger ofrecan detalladas instrucciones sobre el uso de la tortura para arrancar confesiones y nuevas acusaciones. Por regla general, se desnudaba a la acusada y se le afeitaba todo el vello corporal.

La conclusin es evidente: la furia de la caza de brujas no surgi espontneamente entre la poblacin campesina, sino que fue el resultado de una calculada campana de terror desencadenada por la clase dominante. Pero existen tres acusaciones principales que se repiten a lo largo de la historia de la persecucin de las brujas en todo el Norte de Europa. Ante todo, se las acusaba de todos los crmenes sexuales concebibles en contra de los hombres.

En segundo lugar, se las 10 acusaba de estar organizadas. La tercera acusacin, finalmente, era que tenan poderes mgicos sobre la salud, que podan provocar el mal, pero tambin que tenan la capacidad de curar. A menudo se las acusaba especficamente de poseer conocimientos mdicos y ginecolgicos. Comencemos examinando la acusacin de crmenes sexuales.

La Iglesia catlica medieval elevaba misgina a ser principio. Aunque el homnculo no estara realmente a salvo hasta pasar otra vez a manos de un hombre, el cura que deba bautizarlo, asegurando de este modo la salvacin de su alma inmortal. Otra deprimente fantasa de ciertos pensadores religiosos medievales era que en el momento de la resurreccin todos los seres humanos renaceran bajo forma de varones!

La Iglesia asociaba la mujer al sexo y condenaba todo placer sexual, considerando que ste solo poda proceder del demonio. Se supona que las brujas haban experimentado por primera vez el placer sexual copulando con el demonio a pesar desmiembro fro como el hielo que se le atribua y que luego contagiaban a su vez el pecado a los hombres. Es decir que se culpaba a la mujer de la lujuria, ya fuera masculina o femenina. Por otra parte, tambin se acusaba a las brujas de causar Brujas y demonios bailando juntos impotencia en los hombres y de hacer desaparecer sus genitales.

En lo tocante a las mujeres, de hecho se las acusaba de ofrecer consejos anticonceptivos y de efectuar abortos: Ahora bien, como dice la bula pontifica, existen siete mtodos de los que se valen para embrujar el acto venreo y la concepcin en el vientre.

Primero, inclinando los pensamientos de los hombres hacia una pasin desenfrenada. Segundo, obstruyendo su fuerza procreadora. Tercero, haciendo desaparecer los rganos adecuados para tal acto.

Quinto, destruyendo la facultad de procrear en las mujeres. Sexto, practicando abortos. Sptimo, ofreciendo nios al demonio, as como tambin otros animales y frutos de la tierra, con lo cual causan grandes males [Malleus Maleficarum]. A los ojos de la Iglesia, todo el poder de las brujas proceda en ltima instancia de la sexualidad.

ALAIN BADIOU METAPOLITICS PDF

BRUJAS, PARTERAS Y ENFERMERAS

En El estado de las parteras en el mundo de se define a las parteras tradicionales como [ Ehrenreich y English Para modificar su forma de actuar es necesario comprenderla, algo que raras veces se ha sugerido. Nueva York, Naciones Unidas. Las comadronas han ayudado a las mujeres a dar a luz desde el principio de la historia. Sin embargo, algunas de ellas fueron denunciadas como brujas.

BEKSTVO IZ HAREMA PDF

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