LA MUERTE TIENE PERMISO EDMUNDO VALADES PDF

Se golpean unos a otros con bromas incisivas. Estos jijos son irredimibles. De nada ha servido repartirles tierras. Nosotros tenemos la culpa.

Author:Shaktijind Grokus
Country:France
Language:English (Spanish)
Genre:Sex
Published (Last):11 November 2018
Pages:191
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ISBN:114-5-93576-379-3
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Se golpean unos a otros con bromas incisivas. Estos jijos son irredimibles. De nada ha de servirles repartirles tierras. Nosotros tenemos la culpa. Estamos ya muy satisfechos. Cuando el olor animal, terrestre, picante de quien se acomoda en las bancas, cosquillea su olfato, saca un paliacate y se suena las narices ruidosamente.

Pero hace mucho tiempo. Los de abajo se sientan con solemnidad, con el recogimiento del hombre campesino que penetra en un recinto cerrado: la asamblea o el templo. Muchos llevan sus itacates al hombro, cartucheras para combatir el hambre. Algunos fuman, sosegadamente, sin prisa, con los cigarrillos como si les hubiesen crecido de la propia mano. Otros de pie, recargados en los muros laterales, con los brazos cruzados sobre el pecho, hacen una tranquila guardia. Primero empiezan los ingenieros.

Prometen ayudar a los ejidatarios, los estimulan a plantear sus necesidades. Ahora es el turno de los de abajo. El presidente los invita a exponer sus asuntos. Otras la siguen. Unos son directos, precisos, otros se enredan, no atinan a expresarse. Son todos del mismo pueblo. Les preocupa algo grave. Los aludidos esperan ser empujados. Sacramento espera. Uno, muy joven, levanta la suya, bien alta. Sobre el bosque de hirsutas cabezas pueden verse los cinco dedos morenos, terrosos.

La mano es descubierta por el presidente. La mano baja cuando Sacramento se pone de pie. Trata de hallarle sitio al sombrero. Sacramento prende sus ojos en el ingeniero que se halla a un extremo de la mesa. Traimos una queja contra el Presidente Municipal que nos hace mucha guerra y ya no lo aguantamos. Pos de nada valieron las vueltas ni los papeles, que las tierritas se le quedaron al Presidente Municipal.

Sacramento habla sin que se alteren sus facciones. Es como si estuviera arando la tierra. Sus palabras caen como granos, al sembrar. Yo lo quise detener. Se fue a buscar al Presidente Municipal, pa reclamarle… Lo mataron a la mala, que dizque se andaba robando una vaca del Presidente Municipal.

Me lo devolvieron difunto, con la cara destrozada… La nuez de la garganta de Sacramento ha temblado. Una mano jala el brazo de Sacramento. Se las llevaron a fuerza al monte y ai las dejaron tiradas.

Cuando regresaron las muchachas, en muy malas condiciones, porque hasta de golpes les dieron, ni siquiera tuvimos que preguntar nada. Discuten al fin. Prefiero solidarizarme con estos hombres, con su justicia primitiva, pero justicia al fin; asumir con ellos la responsabilidad que me toque. Ahora interviene el presidente. Su voz es inapelable. Yo asumo la responsabilidad. Se dirige al auditorio. Sacramento, que ha permanecido en pie, con calma, termina de hablar.

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Edmundo Valadés

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Reseña: La muerte tiene permiso - Edmundo Valadés

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