RAMON XIRAU INTRODUCCION A LA HISTORIA DE LA FILOSOFIA PDF

C opilco U niversidad, Del. C oyoacn, M xico, D. ISB N a l a d c im a e d ic i n En esta dcima edicin he intentado poner brevemente al da el conte nido del libro. Para hacerlo me pareci necesario referirme a tres movi mientos especiales desarrollados en los ltimos diecinueve y, sobre todo catorce aos; el materialismo de la relacin mente-cuerpo; el estructuralismo; el innatismo nacido de la lingstica de Chomsky.

Author:Gardazil Aralkree
Country:Russian Federation
Language:English (Spanish)
Genre:Automotive
Published (Last):24 August 2011
Pages:76
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C opilco U niversidad, Del. C oyoacn, M xico, D. ISB N a l a d c im a e d ic i n En esta dcima edicin he intentado poner brevemente al da el conte nido del libro. Para hacerlo me pareci necesario referirme a tres movi mientos especiales desarrollados en los ltimos diecinueve y, sobre todo catorce aos; el materialismo de la relacin mente-cuerpo; el estructuralismo; el innatismo nacido de la lingstica de Chomsky.

Es pero que estas pginas sean tiles para tener una idea general de cada uno de tales movimientos y lleven a los que lean este libro a ms deta lladas discusiones. IN TRO D U C CI N Los hombres empezaron por saber que el hombre tena historia; los cristianos afirm aron que nuestra vida en esta tierra -v id a de p a s o es un transcurso histrico en el cual cada instante es una decisin radical entre la salvacin eterna y la eterna condena.

Hemos apren dido despus que no slo el hom bre, sino todos los seres vivos proceden en una historia que es creciente desarrollo, creciente com plejidad, creciente evolucin hacia m s conciencia; hem os aprendido, por fin, que no slo la vida, no slo el hom bre son seres histricos.

Lo es tam bin el universo, paso de las form as m s prim itivas de la preconciencia a la vida, de la vida al pensa m iento, del pensam iento a la conciencia. El concepto de historia se ha extendido a cuanto existe y cuanto existe se ha extendido m s all de la tierra, m s all del sistem a planetario, m s all de nuestra galaxia, hasta alcanzar lontananzas im perceptibles, tan lejanas que se nos antojan infinitas. Ante este crecim iento del m undo histrico, en el cual estam os en un estar que es transcurso, el hom bre - y a lo observaba Pascal, y lo ha vuelto a observar recientem ente Teilhard de C hardin-puede sentirse perdido.

Deca Pascal que som os una nada en com para cin con el todo. Pero si el universo ha crecido en grandezas ya apenas descriptibles, ha crecido tam bin en m inucias ya apenas observables. Nos rodea lo infinitam ente pequeo -electrones, to mos.

Pascal hubiera aadido que som os un todo por com paracin con la nada. M nim os y grandes, som os seres que se preguntan por el sentido de su ser. Vemos que los dem s se m ueren, nos sabemos destinados a la muerte, nos sentim os en un m undo que es, en esencia, m isterioso. Ante nuestro propio m isterio siem pre surge la m ism a pregunta: por qu, por qu la vida?

Y con esta pregunta, una segunda pregunta: para qu, para qu nuestra vida? Hom bres a la vez perdidos y encontrados en un m undo que desconocem os, nos vem os llevados por la inquietud. Las preguntas acerca del sentido de la vida son un hecho. Se las han planteado, desde lo m s antiguo de la historia, todos los hom bres, se las han plantea do los poetas, se las han planteado los artistas. Se las plantean, desde que la filosofa es filosofa, los filsofos.

Hay que entender la filosofa com o una cuestin de vida que es tam bin cuestin de supervivencia ms all de la vida.

A la pregunta acerca del sentido de la vida, a la necesidad de interro gam os acerca de nuestro propio m odo de ser para encontrar una razn de ser, responde la parte ms antigua, tam bin fundam en tal, de la filosofa: la m etafsica. No es de extraar que la m ayor parte de este libro introductorio se refiera principalm ente a cues tiones de orden m etafsico.

Ello no quiere decir que dejem os a un lado otros aspectos de la filosofa ntim am ente vinculados a la m etafsica: el m todo, la teora del conocim iento, la moral.

Y, en efecto, si nuestras preguntas son de orden m etafsico es necesa rio, previam ente, saber si es posible conocer, saber si podem os o no podem os contestar a las preguntas que nos atosigan. A investi gar esta posibilidad se dedica el m todo y la teora del conoci miento. Y si la m etafsica no es una pura teora abstracta -n o puede, no debe se rlo - est ntim am ente vinculada a la vida; y es el fundam ento de nuestro com portam iento, es decir, de nuestra vida moral.

Saber si se puede saber; estableced una m etafsica despus de fundar las bases del saber; establecer una moral, una form a de vida despus de haber ordenado el m undo, despus de haber hecho del caos un cosm os, tal es la lnea general de todo gran pensam iento; tal es tam bin el plan general que hem os seguido al explicar cada uno de los filsofos que en este libro aparecen. Y, al hacerlo, no prescindim os de la historia ni de los principales tem as de la filo sofa.

Tratam os de presentar la filosofa en su historia siguiendo los tres grandes temas -e n realidad un solo tem a v ita l- en todos los grandes pensadores.

Y si algunos de los cam pos de la filosofa - la lgica, la esttica principalm ente- aparecen aqu apenas esboza dos, ello se debe a una doble razn. L a teora del conocim iento, la m etafsica y la m oral constituyen el m eollo de la filosofa; la esttica y la lgica son ciencias tan especializadas que sera nece sario escribir un libro aparte para tratar con alguna justicia cada uno de los cam pos que respectivam ente abarcan.

Introduccin E sta introduccin es, as y al m ism o tiem po, una presentacin histrica y una presentacin tem tica donde los tem as vuelven a repetirse, com o tantas nuevas variaciones, en los diversos filso fos, de G recia a nuestros das. Por qu esta presentacin histrica? Las razones son varias. La prim era de ellas es que hom bre, vida, mundo, son historia. La segunda es que la filosofa verdadera es un convivir con el pensa m iento pasado, a veces un coincidir con este pensam iento pasado y es, sobre todo, respeto por las tradiciones.

U na filosofa sin tradicin es tan inconcebible com o una vida sin tiem po o una civilizacin sin historia. A estas dos consideraciones prim eras y fundam entales, debem os aadir una tercera que constituye la h i ptesis sobre la cual se fundan nuestros desarrollos. A esta hip tesis -q u e no es obligatorio acep tar- y a algunas consideraciones y advertencias quiero dedicar las pginas que siguen.

L a filosofa se presenta com o historia. Ello no quiere decir que la filosofa valga solam ente com o hecho histrico y que los pen sam ientos del pasado sean reliquias ms o m enos curiosas. Todo lo contrario. Quiere m s bien decir que si bien la filosofa se da en la historia, hay form as de pensam iento que van m s all de la historia y, a travs de todas las pocas, conservan su validez y su verdad.

Podem os, en ciertos casos, sentim os ms cercanos de Platn que de Sartre, de san A gustn que de M ax Scheler. Quien as no lo crea es que en el fondo no piensa que la filosofa es cosa de vida ni que las cosas de vida sobrepasan a una vida particular, lim itada por un cuerpo, un cerebro, un tiem po y un espacio. La filosofa es, fundam entalm ente, bsqueda de la verdad y esta bsqueda puede encontrarse en periodos bien definidos del pensam iento occidental. El pensam iento de Occidente, al cual se dedica este libro por sim ple razn de que es el pensam iento de nuestro m undo por la razn tam bin de que el pensam iento de otras civilizaciones no est al alcance de quien esto escribe , puede dividirse en tres grandes periodos: el grecorrom ano; el cris tiano-m edieval, y el renacentista-m oderno.

En cada uno de estos periodos encontram os una evolucin similar. En el inicio de ca da uno de ellos filsofos preplatnicos en Grecia, filsofos ante riores al siglo x ii en el cristianism o, filsofos anteriores a Kant y a Hegel en el periodo renacentista-m oderno , encontram os siem pre una serie de intuiciones que son com o las aguas afluentes que 12 habrn de desem bocar en los ros caudales. En estos periodos iniciales, los pensadores intuyen la verdad, llegan a ella, pero es casam ente la sistem atizan dentro de un todo orgnico y ordena do.

A estos periodos iniciales siguen periodos de grandes sntesis que, p o r em plear la palabra m edieval, llam arem os periodos de sum m ae. Estas sum m ae -P la t n y A ristteles en Grecia, santo Toms y Duns Escoto en el siglo xill, Kant y Hegel a fines del siglo xvm y principios del siglo xix- recogen m ucho de los pen sam ientos que los precedieron y aaden a stos nuevas ideas para construir sistemas armoniosos donde el mundo aparece claram ente ordenado y jerarquizado.

Pero las summae del pensam iento -g r ie go, m edieval, m o d ern o - suelen,presentarse cuando ya est a la vista la crisis de la civilizacin que les dio origen y nacim iento. C uando escriben Platn y A ristteles se avecina el derrum be del Estado-ciudad; cuando escriben santo Toms o Duns Escoto se avecina la crisis del R enacim iento; cuando escriben Kant y Hegel est por salirles al encuentro la crisis ms aguda de todos los tiem pos, la crisis de nuestro tiem po.

Surge entonces un tercer perio do del pensam iento, un periodo en el cual reina m uchas veces la desorientacin y reinan tam bin los nuevos deseos de bsqueda y encuentro.

Pero los filsofos de estos periodos -ep ic reo s o es toicos en G recia, nom inalistas a fines de la Edad M edia, hu m anistas com o M arx, Com te, o el m ismo N ietzsche a fines del siglo xix- no dejan de buscar el todo, no dejan de pensar que es necesario encontrar soluciones absolutas. Se encuentran, sin em bargo, con fragm entos de realidad y tienden a hacer que estos fragm entos sean todo el edificio, a hacer que estas partes sean el todo.

As, para E picuro, el placer, que en Aristteles era una parte del todo arm onioso de la vida, es toda la vida; para O ckham la ciencia, separada de la fe, se edifica com o un conocim iento aut nom o y se instituyen dos absolutos incom unicados e inconcilia bles: el de la ciencia y el de la revelacin; para M arx, para Com te.

A los afluentes han seguido los ros; a los ros las gotas que se pretenden ro y afluente. En resum idas cuentas: los grandes sistem as filosficos se rea lizan en m om entos especialm ente dotados de la historia, estos Introduccin m om entos en los cuales todos los acarreos anteriores vienen a convergir para pronto dividirse en creencias relativas que se pre tenden absolutas.

C laro est que si la filosofa es encuentro con la verdad - l a verdad absoluta que, en ltim a instancia, es siem pre relig io sa-, el encuentro habr de realizarse sobre todo en las sum m ae. Ello no quiere decir que en los filsofos previos a ellas -S c ra te s, san A gustn o V ic o - no se perciban encuentros tan verdaderos y a veces m s hondos que los que nos dan las sum m ae.

N o ex is ten aqu preferencias sino hechos y las preferencias dependen de las inclinaciones y stas de las sim patas y las sim patas de cada uno pueden estar adheridas a un sistem a o a una intuicin, a una explicacin com pleta o a u n a form a m s bien visionaria. C laro est tam bin que existen grandes sntesis previas a las grandes sum m ae.

A s en las filosofas de san A gustn, D escar tes, S pinoza o Locke. Pero estos sistem as previos son, si b ien a veces m s penetrantes que las sum m ae decisivas m ism as, fo r m as an abiertas al futuro, afluentes m xim os que d esem boca rn en el ro totalizador. Este concepto de la historia de la filosofa se asem eja a aque lla idea de los corsi e ricorsi que obsesion a Vico, a principios del siglo x v m.

Y es que, en efecto, al hablar del crecim iento, la m a durez y la cada del pensam iento no estam os afirm ando que los pensam ientos se acaben en un m om ento dado de la historia para que em piecen nuevos pensam ientos.

En realidad todo sucede de m anera m ucho m s com pleja y m s rica. En el cristianism o y en la Edad M edia estn tam bin Platn y A ristteles; en la filosofa m oderna estn san A gustn y santo Toms. Y es que si la verdad es una la verdad que nos revela el cristianism o esta verdad no es perecedera, sino perm anente. Profetas de esta verdad de C risto fueron, segn san Justino mrtir, Scrates y Platn; profetas que no saban que eran profetas. Y si alguna validez tiene el pensa m iento de nuestro tiem po, esta validez est en la verdad, siem pre renovable en cuanto a las vas del conocim iento, siem pre la m is m a en cuanto verdad.

N o se acaban las civilizaciones, no son las civilizaciones cotos cerrados. Son, com o dira W hitehead, inm ensas perm anencias , inm ensas y vivas.

D irase que de las cenizas de un m odo de vida social renacen, renacen siem pre a fin de cuentas, las m ism as ver 14 dades rem ozadas que han de conducir nuevam ente, continuada m ente, a la m ism a verdad. Tal es la hiptesis central de este libro. No creo que esta hip tesis deform e a los filsofos aqu presentados que, por otra parte, podrn ser estudiados al m argen de esta hiptesis m ism a com o pensadores que dijeron esto o aquello, que concibieron la verdad de u na o de otra manera.

E stablecido este punto, quedan algunos com entarios previos que paso a enumerar. Para que lo fuera sera necesario detallar el pensam iento de todos los filso fos y de todas las corrientes filosficas. N o encontrar el lector en las pginas que siguen a todos los pensadores y ello no porque carezcan de im portancia sino porque aqu era necesario lim itarse a las corrientes fundam entales del pensam iento aun a riesgo de que la historia se presentara sin la continuidad que la caracteriza.

V lganos pues este pecado de omisin. El lector har bien en pro fundizar, m ediante m s am plias lecturas, el m undo de cada filsofo si quiere ver en l no a un ser abstracto, sino a un ser que vive de su tiem po y en su tiem po, aun cuando m u chas veces lo trascienda. S olam ente se han hecho las citas por prrafo en los tres casos siguientes: cuando no haba traduccin espaola; cuando la traduccin espaola era dbil; cuando los p rrafos son suficientem ente breves para poder encontrar en ellos la frase citada.

Introduccin 6 Q uiero agradecer la posibilidad m ism a de este libro a mis m aestros, principalm ente Joaqun X irau, Jos G aos y A l fonso R eyes; a m is discpulos de la U niversidad de las Am ricas. Unos y otros han sido la fuente indispensable para que la filosofa se convirtiera en un intercam bio oral, vivo y vigente.

Q uiero agradecer, por fin, la ayuda que me ha proporcionado la Frank B. Baird Foundation. U n l a b e r in t o , u n e s c u d o y u n a l e y Situado en el centro de Creta, el palacio de Cnosos, cuya cons truccin legendaria se atribuye a Minos, es tan com plejo en su estructura que los arquelogos m odernos se pierden todava por sus subterrneos, sus vericuetos, sus corredores, sus habitaciones m uchas veces sin com unicacin aparente.

C uando los griegos lle garon a Creta, el palacio de M inos los llen de adm iracin y, para explicarse el m isterio, inventaron la leyenda que ha pasado a la historia por su belleza y su verdad. Qu dice la leyenda? El futu ro rey M inos d isp u ta el trono a sus herm anos. Pide un signo del cielo que le indique su derecho al reino. No tarda en llegar el signo de los dioses bajo la form a de un toro blanco.

Pasifae, ena m orada del toro sagrado, da a luz a un ser m itad toro, m itad hom bre, que los griegos llam aron el M inotauro. M inos hace construir su palacio, o segn los griegos su laberinto, para encerrar al m ons truo recin nacido.

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Introduccion a La Historia de La Filosofia - Ramon Xirau

Copilco Universidad, Del. Coyoacn, Mxico, D. ISBN No t a a l a d c i m a e d i c i n En esta dcima edicin he intentado poner brevemente al da el contenido del libro. Para hacerlo me pareci necesario referirme a tres movimientos especiales desarrollados en los ltimos diecinueve y, sobretodo catorce aos; el materialismo de la relacin mente-cuerpo; elestructuralismo; el innatismo nacido de la lingstica de Chomsky. Espero que estas pginas sean tiles para tener una idea general de cadauno de tales movimientos y lleven a los que lean este libro a ms detalladas discusiones.

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